viernes, 8 de julio de 2011

EL CAFÉ VOLTAIRE. DADÁ



Hugo Ball era director de teatro y su mujer Emily Hennings, bailarina y música. Juntos concibieron el proyecto de transformar el "Meierei", una taberna de mala muerte en el barrio popular de Niederdorf, en Zurich, en un café literario y artístico, el Café Voltaire.
Abrió sus puertas el 1 de febrero de 1916, y acogió a los artistas exiliados de otros lugares durante la Primera Guerra Mundial. Se llegaron a reunir expresionistas alemanes, futuristas italianos y cubistas franceses.


Tristan Tzara


Entre sus muros, se gestó el movimiento Dadaísta que encabezado por el poeta rumano Tristan Tzara, provocó uno de los quiebres más radicales de la concepción del arte. Querían ser escuchados y qué mejor, que organizar espectáculos musicales, happenings, muestras de pintura y escultura y declamaciones contra la barbarie bélica. Llegaron a rechazar el arte establecido y se enfrentaron a todas las formas clásicas: cubismo, impresionismo y fauvismo.


Hugo Ball recitando en una velada Dadá


Estas veladas eran muy sonadas y provocaban toda serie de reacciones a esos bailes sin sentido, con máscaras y disfrazes esperpénticos, hasta que se convirtió en un reclamo cómico, en vez de una muestra antiartística. Y eso es lo que les llevó al fracaso, aunque dejaron una semilla que se propagó por toda Europa.

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