jueves, 21 de mayo de 2009

"EL CANTO DE LAS SIRENAS (III)". La eterna compañera


Algunos artistas del movimiento surrealista tuvieron como musa a Elena Ivanovna Diakonowa. Se había casado con Paul Eluard, al que conoció años antes en Suiza, cuando se encontraba internada en un sanatorio, tratándose la tuberculosis que sufría.

En 1929, el matrimonio se trasladó a Cadaqués a visitar a un joven pintor, Salvador Dalí. Allí Elena y Salvador se enamoraron, casándose primero en 1932 por lo civil, y poco después por la Iglesia.

Dice Gala, que así es como la llamaban, que salvó a Dalí de una muerte temprana, ya que el pintor era una persona insegura y desorganizada. Fue su agente artístico y buscó siempre el equilibrio entre el mundo real y el de los sueños del artísta. Con ello Gala creó enemistades, desconfianzas y críticas por parte de su entorno y de la prensa del momento, al tacharla de materialista y mercantilista. Pero para Dalí fue mucho más.

Su imagen aparece en numerosas obras y en ellas se aprecia el amor que le tenía. Fue tal la relación que tuvieron, que Dalí le compró el Castillo de Púbol, en Gerona, y preparó, durante las obras de restauración, dos criptas, una junto a la otra, para ser embalsamados y enterrados juntos.

Cuando a Gala le llegó la muerte en 1982, Dalí se trasladó al Castillo para estar junto a su musa hasta el momento de su muerte. Dalí no fue enterrado en la cripta, por lo que su último deseo no fue satisfecho.

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